La industria alemana exige medidas duras contra China ante la competencia desleal
La industria alemana ha intensificado su presión sobre el gobierno del canciller Friedrich Merz para adoptar una postura firme contra Pekín. Tras un récord en el déficit comercial, grandes empresas y asociaciones sectoriales exigen a Bruselas instrumentos eficaces para defenderse de la competencia desleal impulsada por los masivos subsidios estatales chinos.
La industria alemana ha intensificado drásticamente su presión sobre el gobierno del canciller Friedrich Merz para que adopte una postura más firme frente a la República Popular China. Este cambio de actitud marca un punto de inflexión histórico en un país que, durante décadas, se resistió a levantar barreras comerciales con Pekín, al que consideraba un socio estratégico fundamental. Ahora, las grandes corporaciones del primer productor mundial de automóviles exigen medidas contundentes contra lo que denuncian como competencia desleal.
El motor de este cambio es el impacto directo de los fabricantes chinos en la economía alemana. El déficit comercial de Alemania con el gigante asiático se disparó el año pasado hasta alcanzar los 89.300 millones de euros, un incremento de 22.000 millones respecto al periodo anterior. Esta cifra está impulsada por una caída en las exportaciones alemanas y una avalancha de importaciones chinas que incluyen tanto productos terminados como componentes para el ensamblaje en suelo europeo, como ocurre con BYD en Hungría o Chery en España.
Christian Bruch, director ejecutivo de Siemens Energy, ha calificado de "inaceptable" tratar las importaciones chinas como si fueran productos europeos. Desde la poderosa asociación de fabricantes BDI, Wolfgang Niedermark advierte sobre el impacto inmediato: "La situación se está intensificando debido a la enorme presión de precios a la que nos enfrentamos por parte de los proveedores chinos". La relación calidad-precio de estos competidores representa un problema estructural en Europa.
El origen del descontento radica en el masivo apoyo estatal que reciben los fabricantes orientales. Un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) constata que las firmas chinas perciben entre tres y ocho veces más ayudas gubernamentales que sus rivales europeos, lo que les ha permitido acaparar el 60 % del crecimiento de su cuota de mercado mundial. Además, la devaluación del yen, en torno a un 15 % con respecto al euro según analistas del Deutsche Bank, permite a China ofrecer productos similares a los alemanes a precios entre un 30 % y un 40 % menores.
Ante esta realidad, el canciller Merz ha intentado tranquilizar a sus líderes industriales afirmando: "La Unión Europea debe tener a su disposición instrumentos eficaces para defender de forma efectiva sus intereses en el mundo. Tenemos peso en el mundo y queremos usarlo". Esta posición alinea a Berlín con países como España, Francia e Italia, que han mostrado apoyo previo al refuerzo de las defensas comerciales de la UE.
Wolfgang Niedermark subraya que "las posibles contramedidas por parte de China deben incluirse en las consideraciones estratégicas, pero no deben determinar ni impedir en última instancia las acciones de Europa". Volker Treier, responsable de la Cámara de Comercio DIHK, exige mayor agilidad institucional: "necesitamos racionalizar y acortar nuestros procesos de toma de decisiones cuando decidimos actuar".
El debate se centra ahora en si extender los aranceles a los coches híbridos enchufables, donde China está ganando cuota de mercado. Pekín ha negado que sus ventajas sean injustas, aunque la cantidad de subsidios permite a sus empresas operar con márgenes de beneficio tan reducidos que una empresa europea cerraría en cuestión de meses. Con conversaciones decisivas programadas para octubre entre Bruselas y Pekín, se espera que Berlín respalde un paquete de medidas defensivas desde la Unión Europea.
K.Laurent--JdB