"Extrañamos las cosas más simples": los habitantes de Teherán, al límite tras un mes de guerra
Para Fatemeh, una vecina de Teherán, el breve trayecto hasta su cafetería habitual es lo mejor del día en esta ciudad sumida en la guerra desde hace más de un mes, con ataques diarios de Estados Unidos e Israel.
"Cuando me siento en una mesa de la cafetería, aunque sea por unos minutos, casi puedo creer que el mundo no se ha acabado", dice esta auxiliar de dentista de 27 años.
"Se siente como salir de esta maldita guerra y entrar en un día normal, o al menos imaginar un mundo que no esté lleno del miedo constante a perder la vida, o en el que estás vivo pero has perdido a un ser querido o todo lo que tienes", explica a la AFP.
Si una tregua en los bombardeos le permite dormir mejor por la noche, Fatemeh dice que se maquillará y se arreglará para que su visita a la cafetería sea aún más especial.
"Y luego vuelvo a casa, de vuelta a la realidad de vivir en guerra, con toda su oscuridad y su peso", lamenta.
Los residentes de la capital iraní que hablaron con el equipo de la AFP que cubre la guerra en París describieron una ciudad que aún se aferra a cierta rutina, con cafés y restaurantes abiertos. No dijeron haber oído nada de escasez en supermercados o gasolineras, en una ciudad en la que la gente intenta mantener algún vestigio de vida social.
Pero saben que la vida dista mucho de ser normal, ya que Estados Unidos e Israel mantienen un ritmo implacable de bombardeos sobre la capital desde que comenzó la guerra el 28 de febrero con el asesinato del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y otros altos funcionarios.
Hay puestos de control de seguridad en lo que antes eran calles tranquilas, se ha bloqueado o ralentizado drásticamente internet para todo excepto los servicios nacionales, y se han cubierto las ventanas con cinta adhesiva para evitar que se rompan en caso de ataque.
Las personas que aceptaron compartir mensajes con la AFP dieron solo sus nombres de pila por temor a las consecuencias si las autoridades las identifican.
- "Lo único que queda" -
"Estos días, me quedo casi siempre en casa y solo salgo si es absolutamente necesario. Lo único que queda de mi rutina de antes de la guerra y que me ayuda a mantener el ánimo es cocinar", asegura Shahrzad, de 39 años, ama de casa.
Pero añade: "A veces me doy cuenta de que estoy llorando en medio de todo esto. Extraño los días normales (...). Una vida en la que no tuviera que pensar constantemente en explosiones, en la muerte o en perder a mis seres queridos".
"Intento mantenerme fuerte por mi hija (...), pero cuando pienso en el futuro, no puedo formar en mi mente ninguna imagen clara a la que pueda aferrarme con esperanza", dice.
Durante la última semana, los habitantes de Teherán han intentado sacar el máximo partido a la principal festividad tradicional persa, el Año Nuevo o Nowruz, una celebración en la que normalmente la gente sale de la ciudad o la celebra en casa con la familia.
"No hay escasez, hay de todo. Los cafés están abiertos y seguimos yendo a ellos", comenta Shayan, un fotógrafo de 40 años. "Hay gasolina, agua y electricidad".
"Pero todos tenemos una sensación de impotencia. No sabemos qué hacer y realmente no hay nada que podamos hacer. No había ningún ambiente de Nowruz, pero intentamos obligarnos a ello", cuenta.
Siguiendo una tendencia que comenzó meses antes de la guerra, también cada vez más mujeres se atreven a salir sin el velo que es obligatorio según las normas de vestimenta de la república islámica, según cuentan los residentes.
La televisión estatal incluso ha entrevistado en concentraciones a mujeres con la cabeza descubierta, siempre y cuando expresen opiniones a favor del gobierno.
- "Extraño dormir tranquilamente por las noches" -
Elnaz, de 32 años, una pintora de Teherán, dice que cuando los ataques amainan y tiene tiempo para pensar, recuerda cuánto extraña "vivir una vida sencilla".
"Extrañamos las cosas más simples, salir por la noche o simplemente poder ir a otra parte de la ciudad. Extraño algo tan común como ir de compras a otro lugar que no sea la pequeña tienda de abarrotes o la panadería de mi calle", asegura.
"Y más que nada, extraño dormir tranquilamente por las noches", cuenta.
Elnaz explica que algunas madrugadas los ataques son tan intensos que parece que "todo Teherán tiembla".
"Todo se reduce a un solo estado: la supervivencia. Pensar solo en seguir con vida junto a todas las personas que amo. Mis amigos, mi familia y la gente de mi ciudad, que se ven más amables que nunca en estos tiempos difíciles", dice.
Kaveh, un artista visual de 38 años, afirma que hace unos días un fragmento de un misil impactó a unos 50 metros de su casa, dejando el aire lleno de polvo y varias ventanas hechas añicos.
"Me lo traje a casa. Quiero hacer algo con él cuando tenga la oportunidad", dice.
Según cuenta, por la noche, en algunas zonas hay grupos que apoyan al sistema clerical que circulan con sus vehículos haciendo sonar sus bocinas, "mientras que a solo unas calles de distancia hay puestos de control donde se registran los autos y teléfonos de gente corriente".
Según los residentes, el ambiente sombrío se ha visto agravado por un clima inusualmente lluvioso que contrasta con el sol primaveral que suele haber por el Nowruz.
En las plazas se exhiben retratos de niños muertos en los ataques, y unas gigantescas banderas de la república islámica cubren edificios que quedaron reducidos a ruinas.
"Al final, para mucha gente, la preocupación más importante es el futuro de Irán y de su pueblo, y qué podría realmente mejorar la situación", asegura Kaveh.
E.Carlier--JdB