Caracas en silencio y custodiada tras bombardeos de EEUU
Un silencio casi sepulcral y un fuerte olor a pólvora se adueñaron el sábado de Caracas luego de los bombardeos de Estados Unidos en la madrugada, en un "ataque a gran escala" tras el cual Donald Trump anunció la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro.
Las persianas color gris bajas de los negocios pintan el desierto panorama que se extiende a lo largo de la capital. Unos pocos coches recorren las calles desoladas y se ven filas de compradores nerviosos, que dan algo de movimiento a la ciudad de seis millones de habitantes.
Agentes vestidos por completo de negro, con armas largas y lentes de sol, recorren el centro de Caracas, donde se ubican sedes ministeriales como el Ministerio del Interior y el Ministerio Público, así como en las oficinas de la policía científica CICPC.
También recorren el palacio de Miraflores, donde el presidente Maduro apenas días atrás ofrecía sus musicales mítines con improperios al imperialismo.
Tanto Maduro como su esposa Cilia Flores fueron capturados y sacados de Venezuela, según el presidente estadounidense Donald Trump. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, la siguiente a cargo en la línea de mando, pide una fe de vida en tanto el paradero de ambos sigue sin conocerse.
Unos 500 de sus simpatizantes piden saber de ellos en las céntricas calles caraqueñas, donde se instaló una tarima con bocinas en las que resuenan canciones típicas de los actos chavistas.
"Que viva Nicolás Maduro", vociferan desde la tarima, "¡Que viva!", responde la multitud.
Katia Briceño, una profesora universitaria de 54 años, acudió en "defensa" de su país ante lo que considera una "barbarie".
"¿Cómo es eso que un Gobierno extranjero viene y se mete en el país y saca al presidente? Es una cosa absurda", se queja.
"No fue tanta la sorpresa porque nosotros ya teníamos previsto que en cualquier momento nos podían atacar", cuenta a la AFP Pastora Vivas, miliciana de 65 años.
En el acomodado este de Caracas, largas filas se forman en las afueras de tiendas de comida, que venden sus bienes a puerta cerrada. Personas de todas las edades entran y salen nerviosas.
El picor de la pólvora aún molesta a los ojos. Los gases simulaban una neblina antes de romper el alba y muy pocos vehículos y motos cruzaban a alta velocidad la principal autopista de Caracas, que la conecta de este a oeste.
Cuando alrededor de las 02H00 locales se escucharon las primeras explosiones en Caracas, vecinos se asomaron por sus terrazas y balcones para ver de dónde provenían los sonidos de aeronaves que surcaban el cielo.
Las ventanas temblaron por las ondas expansivas que se sintieron en diversos puntos de la capital.
"Fue horrible, sentimos los aviones pasar encima de nuestra casa", contó bajo anonimato un residente del barrio Coche, cercano a Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar de la ciudad que fue impactado.
B.A.Bauwens--JdB